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martes, 15 de marzo de 2011

Las enseñanzas de Mingus


Hace unos meses tuve la suerte de disfrutar con la lectura de la alucinante pseudo-autobiografía del genial Charles Mingus, "Beneath the underdog", traducida en español como "Menos que un perro". Me sorprendió gratamente el libro, y no sólo como aficionado que soy de su música, sino por la gran calidad literaria que, en mi opinión, atesora el texto, plagado de interesantes reflexiones filosóficas y mucha chicha metafísica. Destaco especialmente dos detalles: uno, la buena mezcla entre realidad y ficción, que hace que sea prácticamente imposible distinguir dónde empieza una y dónde acaba la otra; y dos, la gran cantidad de alusiones sexuales explícitas que se reparten a lo largo de todo el libro. Sobre este último punto trata este post, ya que me he tomado la molestia de transcribiros un párrafo que creo que os puede ser de gran utilidad, y que es un gran ejemplo tanto de la mentalidad pornográfica de Charlie, como de las importantes enseñanzas que se pueden obtener de una lectura con fundamento. Además, después de arduas averiguaciones he llegado a confimar la sospecha que tenía desde que lo leí: a saber, que el viejo del que habla Collette no es otro que el mismísimo Greenberg. Bueno, sin más dilación os dejo esta joya de la literatura para que la imprimais y la pongais en un atril a la entrada de vuestra casa, entre el Quijote y la Constitución Española. Espero que disfruteis de su lectura y saqueis provecho de sus enseñanzas.

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Charles comenzó a frecuentar la casa de los Collette y el padre de actitud juvenil de cuando en cuando daba a los chicos breves conferencias sobre el arte de hacer el amor.

Les decía que el sexo era importante y que no tenía por qué ser algo sucio.

- No malgasteis vuestra juventud – les decía -. No os masturbeis. Aprended a controlaros. Descubrid a las chicas. La vida será un fastidio si dejais que sigan tomandoos el pelo. Escuchadme y os dareis cuenta que ellas os quieren más de lo que vosotros las quereis a ellas. En eso consiste el arte del sexo entre el hombre y la mujer. Ellas pagarían por el tipo de hombre comprensivo, porque casi todos los hombres creen que a una mujer no le gustan los dulces como a él, que ella piensa que lo que él quiere hacerle es repugnante. Y entonces, cuando al final ella accede, él la trata como si ella fuera un receptáculo, como una máquina orgásmica. Ni siquiera le da unas palmaditas en la cabeza cuando acaba. Un viejo sabio me contó una vez una historia. Me dijo: “Si pruebas lo que te voy a contar, todas las mujeres que toques volverán a pedirte más dulces y te dirán que nunca les han hecho nada igual en toda su vida”. Esto es lo que me dijo el viejo, y yo, chicos, debería cobraros por estos consejos. Un día vendreis a casa y me ofrecereis dinero y me direis: “Vaya si tenías razón, Collette”.

» Lo que este viejo me dijo fue: para los que no tienen un talento natural, ahí van algunas buenas reglas para follar. Bésala. Juega un rato con ella. Luego inserta tu rama de menta, la punta solo, el capullo. Restriégala un buen rato por la raja, contra el clítoris, éntrala un poco y sácala, de abajo arriba y en círculos hasta que la hayas puesto caliente. Harás el amor así durante horas, besando, jugando, chupándole los pechos y toqueteando ese conejito precioso, hasta que empiece a suplicar. Entonces no arremetas sin más. Introduce el capullo amable y suavemente.

Todo aquello era impresionante viniendo de un adulto. Charles estaba ruborizado, pero Buddy sonreía, pues ya había escuchado todo eso antes. Ahora, en su madurez, él y Charles a veces hablan de aquellas conferencias.

Pa continuó:

- Cuando esté bien húmedo, empapando ya las sábanas, no se lo hagas en plan fenómeno blanco. La clásica follada de siempre, sin más. La mejor posición que encontró aquel viejo fue de costado, con ella tumbada de espaldas porque él era pesado. Ella ya se muere de ansia, pero tú sigues con las travesuras, dándoselo gradualmente. Quédate tiempo sólo lo suficiente para que sepa qué dulce tienes, pero retírate si intenta cogerlo, sal de todo y recorre los bordes de los labios. Entonces, de pronto, entra a fondo con todas tus fuerzas y déjala ahí, firme y tiesa, y mécete a ambos lados. Luego retírate, sácala casi toda. Juega. Muévela en cualquier dirección, pero tan delicadamente que ella apenas note que se mueve, Tensa y relaja los músculos. Eso a ella le da una sensación de latido. Empezará a intentar cogerla otra vez. Sácala. En cuanto desista y se acomode sobre sus nalgas, penetra con todas tus fuerzas, retrocede rápido, y ataca otra vez enseguida. No te muevas durante unos instantes cuando esté bien dentro. Mantén la tensión y mécete, luego retírate otra vez con suavidad. Esta vez deja que su carne mullida se aferre a ti; ella intentará seguirte y retenerte dentro. Ahora empezará a rogarte a ti y a todos los santos que le hagas lo mismo que antes. Nada de eso. Sigue jugando y provocándola un poco más. Si ella nunca ha hecho nada parecido, empezará a volverse loca, llorará y suplicará. Entonces... cuando tú lo decidas... dáselo otra vez, fuerte, deprisa, hasta lo más hondo. Entre y quédate allí y mécete de un lado a otro, bésala y mécela en un estrecho abrazo. Después empieza a relajarte y finge que te separas. Sácala. Y si ella no te agarra y ruega y te pide que por favor la folles a tu manera, ¡te pongo un Cadillac de esos en tu portal!... Bueno Charles, tú inténtalo con la próxima chiquita que te busques. Observa la diferencia en su reacción. A ver si no te dice estas mismas palabras: “¡Charles, nunca en la vida me lo habían hecho así!”. Y a ver si tú no querrás pagarme cincuenta o cien dólares por los resultados obtenidos.


lunes, 12 de abril de 2010

To be or not to bop?

Os dejo con un fragmento del libro que Dizzy Gillespie escribió junto con Al Fraser, "To be or not to bop", donde se comentan algunas ideas muy parecidas a las que vimos expresar por aquí a Brian Eno hace algún tiempo. Sigo pensando que la mayoría de las quejas de las grandes discográficas no son más que pataletas por perder una posición dominante que les ha permitido históricamente llevarse la tajada más grande y más jugosa del pastel. Las negritas son mías:

"La gente con pasta y visión suficientes como para invertir en el bebop ganó algún dinero. Es decir, no fue poco. Las grandes sumas fueron a parar a los propietarios de la música, no a sus intérpretes. Los empresarios ganaron mucho más que los músicos, porque sin dinero para invertir en la producción de su propia música, y a veces gestionando mal lo que ganaban, los músicos de jazz moderno fueron víctimas de las fuerzas del mercado. De alguna manera, generalmente a costa del intérprete, el empresario de jazz siempre se convertía en el propietario y conseguía más de lo que le "correspondía". Durante la época del bebop, nos robaron más dinero del que se había robado en toda la historia del jazz hasta ese momento. Nos robaron mucha música, muchas cosas. Ibas a mirar y veías que tu composición llevaba el nombre de otra persona, y decías:

- ¿Y éste qué tiene que ver con ella?

Pero no podías hacer nada al respecto. La comercialidad descarada no nos gustaba, porque degradaba la calidad de nuestra música. Al protestar contra el engaño y el timo nunca quisimos decir que estuviéramos en contra de ganar dinero. Para mí nunca fue de gran importancia adoptar una posición política contra la comercialidad ni intentar hacerme con el control de algo. La gente que robaba no podía crear, así que yo me atuve sobre todo a la creación musical, intentando que mis obras estuvieran siempre protegidas."

viernes, 22 de enero de 2010

Brian Eno, los nuevos formatos y las ballenas..


Amigos de Greenberg..queria solo señaros un entrevista muy interesante de Paul Morley con Brian Eno.
No tengo palabras..cada vez que leo algo de Brian Eno flipo por la capacidad que tiene de ver las cosas 'mas alla' de los demas..
Es una persona que hace algunos años desconocia completamente (mas bien conocia solo por su nombre) y los primeros que me hablaron de su capacidad magica fueron el maestro Greenberg y el Sr. Manfred von Richthofen.
Ahi van las EnoPalabras y abajo hay una traduccion en español por si algun lector no sabe ingles. La traduccion falla un poco de elegancia pero se entiende el concepto :

“I think records were just a little bubble through time and those who made a living from them for a while were lucky. There is no reason why anyone should have made so much money from selling records except that everything was right for this period of time. I always knew it would run out sooner or later. It couldn’t last, and now it’s running out. I don’t particularly care that it is and like the way things are going.

“The record age was just a blip. It was a bit like if you had a source of whale blubber in the 1840s and it could be used as fuel. Before gas came along, if you traded in whale blubber, you were the richest man on Earth. Then gas came along and you’d be stuck with your whale blubber. Sorry mate – history’s moving along. Recorded music equals whale blubber. Eventually, something else will replace it.’’


En español:

«Creo que los discos fueron sólo una pequeña burbuja a través de los tiempos y todos los que se ganaron la vida con ellos durante un tiempo fueron afortunados. No hay ningún motivo por el que nadie debería haber hecho mucho dinero vendiendo discos excepto que durante ese momento en el tiempo todo estaba preparado para ello. Siempre supe que se acabaría más tarde o más temprano. No podía durar, y ya se está acabando. No es algo que me preocupe especialmente, me gusta cómo van las cosas ahora.»

«Esa época de los discos ha sido un accidente. Es como cuando tenías una fuente de grasa de ballena en 1840 y la podías usar como combustible. Antes de tener gas natural, si te dedicabas a lo de la grasa de ballena eras el tío más rico del mundo. Después llegó el gas natural, y te quedaste con la casa llena de tu puta grasa de ballena. Lo siento, amigo, la historia se mueve. La música grabada es como la grasa de ballena. Llegará algo que ocupará su lugar.»



fuente: http://www.newmusicstrategies.com/2010/01/18/brian-eno-on-records-and-blubber/

lunes, 13 de abril de 2009

La verdadera historia de Emilio Greenberg (2/2)


Con los años he conseguido, a pesar de todo, reunir una pequeña historia inconexa de aquellos episodios de la vida de Greenberg que más han podido ser corroborados, aunque las pruebas firmes de que realmente ocurrieran son escasas. Se suele decir que nació en Amberes, aunque mucha gente asegura que su familia lleva generaciones establecida en el barrio de Golders Green, al norte de Londres. Su dominio tanto del inglés como del francés, el flamenco y hasta cuatro idiomas más, hacen muy difícil confirmar alguna de las hipótesis. De padres comerciantes, por su ascendencia judía se le relaciona, a nivel de parentesco, con figuras como Albet Einstein, Nils Böhr, Bob Dylan, Leonard Cohen o Woody Allen. Se da por supuesto que tuvo una educación superior, si bien no se sabe exactamente en qué pasó sus años de universidad. Personalmente, estoy convencido que Greenberg estudió Física Estadística, o Química Física, pues jamás he visto a ningún literato convencional, hablar con tanta soltura de temas tan complejos. Lo cierto es que empezó a viajar muy pronto, a los quince años o quizá antes. Se cuenta que, cuando era joven, vendió su alma al diablo en un cruce de carreteras para ser el mejor guitarrista del mundo. Y que, más tarde, compartió piso en Londres con Bert Jansch, John Renbourn y Davy Graham. Muchos le sitúan como el guitarrista anónimo que estuvo en la primera sesión del Astral Weeks y nadie recuerda quién era. Luego, en su historia hay un lapsus, hasta que reaparece en Sudamérica, donde es el primero en socorrer a Hector Lavoe cuando se intenta suicidar, lanzándose al vacío desde un quinto piso. No falta quien cree que es el autor de la novela “El lazarillo de Tormes”, y el tema de guitarra clásica “Romancero anónimo”, aunque las pruebas en estos casos son inconsistentes. Me han enseñado fotos viejas, de sesiones de grabación de Miles Davis y John Coltrane, donde un borroso personaje de fondo, con gabardina gris y fumando pipa, es identificado invariablemente como Emilio Greenberg. Desgraciadamente, la calidad de las imágenes en estos casos, no permite despejar la sombra de la duda. Por otro lado, en esas mismas fechas se le sitúa también en un pub de Cambridge en el que entabló amistad con Francis Crick, una noche en la que éste entró diciendo que “había encontrado el secreto de la vida”. Lo que sí parece bastante establecido, es que durante los 60 y los 70 visitó varias veces la India, primero con los Beatles y más tarde con John McLaughlin, probablemente por motivos espirituales, pues sentía Greenberg cierta simpatía por la filosofía oriental. Entre medias se sabe que hizo al menos un viaje a Jamaica, ya que fue allí donde empezó a interesarse por la electrónica junto a su amigo King Tubby, a quien conoció haciendo un módulo de formación profesional. También fue en Jamaica donde, se dice, estuvo en la cárcel por posesión de marihuana, aunque fue liberado cuando Toots, probablemente por defenderle, pues eran muy amigos, se autoinculpó del delito.

Cuando un día nadie volvió a saber de Greenberg, los rumores empezaron a circular. Unos dijeron que se había ahogado en el Mississipi, otros que había muerto de una “self-inflicted knive wound”, pero nada se supo nunca a ciencia cierta. Personalmente, dudo mucho que realmente sufriera una sobredosis con pastillas para dormir, como también se ha dicho, pues su perfil psicológico nunca me pareció el de un insomne. Desde entonces, algunos de sus discípulos decidimos rendirle homenaje creando esta fundación con su nombre y manteniendo encendida, día a día, la llama de su memoria.

martes, 31 de marzo de 2009

La verdadera historia de Emilio Greenberg (1/2)



A diario nos llegan a esta redacción cientos de cartas (sí, cartas de las de toda la vida, con sus sellos con la cara del rey) en las que, unas veces entre halagos y alabanzas, y otras entre insultos y amenazas, se nos conmina a que desvelemos de una vez por todas quién es Emilio Greenberg. Pues bien, con todo el rigor histórico que me permiten las circunstancias, he aquí todo lo que sé, en dos tandas, sobre el hombre al que seguimos y admiramos.


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Conocí a Emilio Greenberg hace muchos años, ya no recuerdo cuántos. Creo que fue en Londres, sí, fue en Londres, cerca del puente de Waterloo, en un bar que ya no existe, un día de lluvia. Bueno, quizás no llovía, podría simplemente haber sido uno de esos días ingleses donde el sol no se deja ver y la temperatura es la justa para no sentirse demasiado bien. Él llevaba una gabardina gris, eso sí lo recuerdo bien, una gabardina gris bastante vieja que luego le vi muchas veces, y que llegó a obsesionarme durante mucho tiempo, como si en ella se escondiese algo de aquella esencia tan particular que desprendía el propio Greenberg, de su magnetismo natural. Porque si algo producía Greenberg en sus interlocutores, era una especie de atracción inmediata, una curiosidad insaciable por saber qué había detrás de aquella sonrisa enigmática. Pero me estoy adelantando a los acontecimientos. Decía que conocí a Greenberg un día sin luz, en un bar cerca de un puente, con su gabardina gris puesta y fumando tabaco negro en una pipa de marinero que, según me contó más tarde, le había regalado Herman Melville. Fue él quien me abordó, reconociendo mi aspecto extranjero, y enseguida se puso a hablarme de literatura, algo sobre T.S. Elliot o Young, no recuerdo bien. Luego me preguntó qué hacía allí y si pensaba quedarme mucho tiempo. Conversamos el tiempo que dura un café y se fue bajo la lluvia, dejándome una tarjeta de visita e invitándome a que le llamase algún día.


En aquella época viajaba mucho, mi trabajo me obligaba a desplazarme continuamente entre países y no volví a saber nada de Greenberg hasta pasados muchos meses, cuando ya su tarjeta de visita llevaba tiempo descansando entre un montón de papeles viejos. Lo encontré en el vestíbulo de un hotel en Amberes donde, según me contó después, su familia tenía algunos negocios. Nos reconocimos al instante, a pesar del tiempo pasado y lo casual de la situación. Fue la primera vez que comprobé la prodigiosa memoria que tenía Greenbeg para reconocer a la gente. Nunca se le olvidaba una cara ni el nombre que le seguía, siempre recordaba el momento exacto del último encuentro, la conversación mantenida, los pequeños detalles de cada escenario. Y era precisamente esta “inteligencia social”, por llamarla de algún modo, la que le hacía parecer tan cercano a sus interlocutores. Para Greenberg nada pasaba desapercibido, nadie le resultaba lo bastante vulgar para no reparar en su presencia. Contaba además con una capacidad absolutamente asombrosa para decirle a cada uno exactamente aquello que necesitaba escuchar, y no era raro observar como auténticos desconocidos acababan confesándole intimidades al poco tiempo de iniciar una conversación con él. Aquella noche, en el bar del hotel, cenamos juntos y estuvimos bebiendo vino hasta muy entrada la noche. Hablamos de la crisis, del tiempo, de la vida urbana en aquellos años, pero también de cine, de literatura, de música. Y en cada tema que tocaba, mostraba Greenberg una asombrosa mezcla entre erudición y humildad, sin nada de toda esa pedantería académica tan común entre la gente pervertida por la cultura. Cuando al día siguiente me desperté, tenía dolor de cabeza y una ligera náusea. Sólo entonces, tirado en la cama, recordé la conversación y descubrí sorprendido, que poco o nada sabía sobre la vida de Emilio Greenberg.


Desde nuestro encuentro casual en Amberes, Greenberg y yo fuimos consolidando una verdadera amistad, que se fue dibujando por muchas ciudades del mundo. Mediante una correspondencia interrumpida, alguna llamada telefónica y muchos encuentros casuales en clubes nocturnos, fui entrando en la órbita de su universo. Conocía a alguien en casi todos los lugares del planeta. Y no eran sus amistades exclusivamente de lo que entonces se daba en llamar, la “élite intelectual”. Entre los allegados de Greenberg se contaban, además de escritores, músicos y profesores, croupiers, camareros, prostitutas, oficinistas, mecánicos, vigilantes de seguridad, banqueros (a muchos de los cuales daba el trato de “primos”) e incluso algún policía. ¿De qué vivía Emilio Greenberg? ¿qué hacía viajando por el mundo? Nadie lo sabia a lo cierto. Unos decían que vendía diamantes que importaba su familia. Otros que vivía de la usura. Incluso uno, que un día le había visto dibujar un garabato en una servilleta de papel, llegó a asegurarme que era un famoso graffitero anónimo y que se dedicaba a ir pintando paredes mundo adelante, aunque de cómo se ganaba el pan no supo decirme nada. La leyenda de Greenberg se fue agrandando con los años y pienso que incluso él mismo fomentó un poco ese ambiente de ambigüedad que rodeaba su presencia. Cuando se veía obligado a hablar sobre su persona, solía usar un lenguaje ligeramente abstracto, evitaba dar nombres o fechas, y cuando se le insistía sobre la precisión de un lugar o un mes, sencillamente murmuraba un “Mmm… no lo recuerdo bien”, o alguna otra oración evasiva que, curiosamente, en sus labios no sonaba a excusa.

martes, 25 de noviembre de 2008

Parodias de Dylan

Aquí os traigo dos curiosos guiños a la figura de Bob Dylan, el icono musical por excelencia del siglo XX, cortesía de mi gran amigo Jorn Seubers.

El primero es una canción poco conocida del gran Syd Barret, el genio loco fundador de Pink Floyd, que, cansado de tanta dylanmanía, compuso este "Bob Dylan Blues" imitando el estilo del propio Dylan a la hora de tocar y escribir. Os dejo la letra aquí para facilitar la compresión.




El segundo video es un fragmento de Walk Hard, una película que parodia el género tan de moda de las biopics, y que narra la vida de un músico llamado Dewey Cox. Como podeis ver, aunque la biografía es ficticia, parece ser que tiene muchas "similitudes" con músicos y situaciones reales. Os recomiendo que intenteis pillar algo de la letra de la canción que canta al final. Si os gusta, echadle también un vistazo a este otro momento de la película.


martes, 18 de noviembre de 2008

Roxy & Elsewhere


Frank Vincent Zappa, señoras y señores. Ese personaje flaco con bigote y patillas del que todo el mundo ha oído hablar y del que acertadamente el amigo Bradomín ya colgó algo (y no calquier cosa! el Hot Rats) en un pasado remoto. Bueno, tal vez no fue hace tanto, lo reconozco (yo y mi concepto del tiempo). Como os decía y ya sabéis, todo un personaje este Zappa. Excéntrico desde sus inicios, autodidacta en lo musical, actor teatral y sátiro en los escenarios y, en consonancia con la Obamamanía que nos embarga, extrapolando un poco por hacer el guiño, un acérrimo defensor de la libertad de expresión allá por los 80.

Pero dejando aparte estas y otras muchas curiosidades de wikipedia, lo que os quiero pasar hoy es este discazo con los Mothers of Invention grabado en el Roxy Theatre de Hollywood en 1973. Diez temazos intercalados con varios discursos memorables (en Cheepnis y Be-Bop Tango son tremendos) del amigo Zappa, un poco entre concierto de rock y el club de la comedia psicodélico, por decir algo y sin menospreciar. Aunque el disco es muy bueno, queda claro al oirlo que lo realmente bueno debía ser ver a esta gente en directo. Pero esto es lo que hay. Que lo disfrutéis.


Descargar

viernes, 7 de noviembre de 2008

Una nueva era

Finalmente se cumplieron los pronósticos y Barack Obama se ha convertido en el primer presidente nigga de la corta historia de los Estados Unidos de América. Personalmente, hubiera preferido un negro más oscuro, ya sabeis, algo más parecido a Miles Davis o a Samuel Etoo, pero bueno, bienvenido sea. Ahora sólo falta que en España tengamos un primer ministro gitano para que podamos decir bien alto que vivimos en un mundo multicultural donde todos sus ciudadanos tienen las mismas oportunidades.


Pero volviendo al tema de Obama, no puedo evitar haberme contagiado de ese entusiasmo global que se ha propagado por el planeta y que recibe el nombre de “Obamamania”. Su campaña, dicen los analistas, ha sido de las más inteligentes que se recuerdan, en gran parte debida a la apropiación de un motto que ya había dado grandes resultados a la selección española de fútbol, aquel histórico “Podemos” que mr. Barack ha aplicado en su traducción más literal.


En cualquier caso, las palabras que más podemos escuchar estos días en la prensa son “cambio”, “esperanza”, “punto de inflexión” y demás expresiones que invitan a soñar. Finalmente, Estados Unidos se ha convertido en un país amigo, un país generoso, dialogante. Se acabaron las decisiones unilaterales, se acabó la época del neoliberalismo, se acabó el embargo a Cuba, se acabó la privatización del sistema sanitario. Por acabar, hasta se han acabado las guerra de Irak, Afganistán y Palestina, por fin nos despediremos de Guantánamo e incluso, en muy corto plazo, no sólo se les abrirá la frontera a los mexicanos, sino que hasta es posible que Estados Unidos devuelva a México los estados de Texas, Nuevo México, Arizona, Colorado, California, Nevada y Wyoming. Y siendo negro como es, mucho me extrañaría que, antes de finalizar su primer mandato, Obama no legalizase por fin la marihuana.


Personalmente pienso que este es el principio del afrofuturismo que profetizaba Sun Ra hace ya más de 30 años (curiosamente, también en Chicago) y cuyas bases tan genialmente quedaron plasmadas en 1974 en esa gran película llamada “Space is the place”, de la que no resisto poneros un fragmento aquí. En la vida real, Sun Ra estaba convencido de haber nacido en Saturno, y el argumento de este peliculón es la fundación de una nueva civilización negra en un lejano planeta de una galaxia perdida:






Para celebrar el cambio he compilado un pequeño popurrí de temas relacionados con todas estas ideas que han estado rondando mi cabeza durante estos históricos días y que hoy os expongo aquí. Algunas de estas canciones ya os serán conocidas, pero creo que alguna que otra os sorprenderá. Aquí os lo dejo.


Dicho esto, sólo falta repetir con el pueblo americano los nombres de esos cuatro grandes grupos:


Yes We Can !!!

viernes, 4 de julio de 2008

Campeones de Europa

Pero no nos engañemos, siguen viéndonos así...


martes, 4 de diciembre de 2007

¡Agresión a un miembro de Greenberg!

Imágenes tomadas por un compañero de esta casa en la isla de Lanzarote. Al final no hubo daños materiales que lamentar, aunque psicológicamente se encuentra... regular.


martes, 6 de marzo de 2007

Concierto para sho y concha gigante, de John Cage


Un apunte ligero sobre música contemporanea:


Hace unos meses asistí en Alemania a un evento que solo en Berlín, y quizás Viena, puede atraer a más de seis personas. Muchos diréis: "una cata de chucrut", y con razón, pero me refiero al otro evento: un concierto de John Cage. Salí del mismo lleno de visión zen, de amor por las setas y de inspiración para transmitir mis observaciones sobre la nueva música, que son tres y muy importantes:

- En un concierto de nueva música, no haces más que escuchar los ruidos estomacales de tu vecino. No es que en Alemania sean monstruosamente ruidosos, sino que en una sala de acústica perfecta con 200 personas en silencio absoluto, en la que lo único que suena es una concha gigante rellena de agua (sí amigos, John Cage es así) se presta la cosa a estas observaciones sobre esos alegres pitidos gástricos. Si lo que suena es el vibrador de un teléfono, pues ya no oyes la concha. Y olvídate de sonarte en el típico subidón. Ésto no es la Novena Sinfonía de Bethoveen.

- Los músicos se pasan más tiempo contando las pausas que tocando música. Juro que vi al que tocaba el shakuhachi (o que no lo tocaba) intentar no dormirse durante una pausa de siete minutos. Que se dice pronto...

- El radical (y muy acertado) concepto de Cage según el cual se debe introducir el espacio en la música (es decir, con los músicos repartidos por la sala) da lugar a ciertas paranoias. Dónde aparecerá el siguiente? Están debajo de mi asiento? Con todo, si el que está detrás de ti no es percusionista, sobrevivirás.

Ah, y la cita... Ésto se lo dijo una señora a Cage mientras miraban un cuadro de Rauschenberg:

"Si no es arte, entonces me gusta".

Y se quedó tan ancha como el tío que tocaba el shakuhachi cuando tras siete minutos, tocó una nota con todas sus fuerzas y dio fin a la velada. Aplaudimos a rabiar, y muchos se sonaron los mocos.

sábado, 24 de febrero de 2007


Fundación Emilio Greenberg

Es un honor inaugurar este espacio virtual desde el cuál queremos rendir homenaje a una figura tan emblemática como la del maestro Emilio Greenberg.

Personaje excéntrico y polifacético, odiado y adorado a partes iguales, fue, como tantos otros pioneros en arte y ciencia, un hombre que se adelantó a su tiempo, y su prolífico legado constituye uno de los más preciados tesoros con que cuenta nuestro acerbo cultural.

Vivamos, pues, en esa utopía que profetizó Greenberg y comencemos desde este momento a intercambiar conocimientos utilizando todos los medios que la tecnología actual nos confiere, "ayudándonos los unos a los otros", según nos enseñó Emilio, "a crecer interiormente".